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miércoles, 12 de septiembre de 2012
PEREZA vs. DEMOCRACIA
por Kepa Gordejuela y Rakel Peña (miembros de la izquierda abertzale)
La situación de Euskal Herria y de Europa es tan grave y complicada que nos exige un esfuerzo personal y colectivo para encontrar nuevas formas de actuación y alternativas políticas que consoliden los objetivos de la lucha histórica de la izquierda abertzale.
A nuestro entender, el último giro estratégico de la izquierda abertzale, y la consiguiente revisión de las formas de lucha, no tenía como único objetivo superar el accionar armado, sino que también se trataba de un punto de partida para implementar nuevas formas de hacer política, más acordes con los tiempos, más democráticas, más pegadas al suelo, abiertas y eficaces. La evolución desde el modelo político-militar de la transición al nuevo modelo definido en “Zutik Euskal Herria” a primeros de 2010 debía suponer un punto de inflexión en la refundación de la izquierda abertzale, tanto en sus planteamientos político-ideológicos, como en su modelo de dirección y en la política de alianzas para conseguir sus objetivos estratégicos, que es, al fin y al cabo, en lo que consiste la política.
Buscar la máxima adhesión social se convirtió pues en una prioridad a la que había que hacer frente con nuevos instrumentos, planteamientos y esquemas mentales. Sin embargo, en estos casi tres años se ha ido dando un deterioro en el que, cada día más, prima la verticalidad, la improvisación, y la falta de participación de las bases, que son las que pueden y deben sustentar un proceso de este calibre; falta de participación en las decisiones de más envergadura, y en las de menos también.
Paradójicamente, el “factor sorpresa”, que a corto plazo y en el plano mediático puede tener su efecto, se ha presentado como un valor en positivo, cuando lo único que evidencia es que son sólo unas cuantas manos, muy pocas, las que entran en la cocina y deciden el plato del día. Al resto del cuerpo social de la izquierda abertzale sólo le queda comer lo que toque y, si no le gusta, dejarlo, como las lentejas.
Los ejemplos que obvian los mínimos principios de un funcionamiento democrático formal, son innumerables. A corto plazo se nos presentarán pública y mediáticamente las listas al Parlamento de Gasteiz, para las que nadie ha podido, siquiera, presentar propuestas, y mucho menos elegir a las personas que considere más convenientes. Previsiblemente esa patente falta de democracia interna tratará de suplirse con un mero acto de ratificación en el que, de nuevo, se nos presentará el menú de las lentejas
Dar a conocer un futurible “Gobierno de Gasteiz”, y la decisión implícita de que, si se ganan las elecciones, se va a asumir de cabo a rabo la gestión de la institución, podría ser un paso de gigante si respondiese a una demanda interna y social verificada y, sobre todo, si estuviera contrastada con sus posibles alternativas. Porque la pura gestión, si no está combinada con niveles de confrontación y desobediencia, y además sin disponer de los instrumentos necesarios, nos puede constreñir a tener que seguir las pautas del sistema, desviándonos de los objetivos de profundo cambio social y político que necesita este país.
Hay muchas formas de hacer política. Siguiendo con el ejemplo, habría que decidir no sólo quién, sino más bien qué se va a hacer ante una hipotética victoria electoral el 21 de octubre: ¿gestionar lo que hay cambiando de nombre a los departamentos?; ¿o quizá olvidarnos de los nombres y centrarnos en los contenidos? ¿Y si eso nos lleva a poner patas arriba el modelo policial, o a la desobediencia civil y a la confrontación interinstitucional? ¿Y si nos lleva a evitar que el Estado nos siga atracando y dejar de pagarle el cupo, o a responder de la forma más contundente para negarnos a apuntalar un modelo social cada vez más injusto y desigual? Y es indudable que estas reflexiones sirven tanto para la labor de gestión como para una tarea de oposición.
Cierto es que, vista la gestión institucional adoptada en otros ámbitos, poco hace presagiar que la presencia de la izquierda abertzale vaya a ser sinónimo de un cuestionamiento del status quo, como cabría esperar. Pero quizá peor que lo que se está haciendo es lo que no se está dejando hacer: debates donde todas las posibilidades estén abiertas para que toda la fuerza social acaudalada por la izquierda abertzale a través de su historia quede expresada, contrastada y democráticamente plasmada en cada decisión. La izquierda abertzale no puede renunciar al debate interno, a la confrontación y disparidad de ideas, porque precisamente esa riqueza y esa pluralidad han hecho de ella una referencia social y política de primera magnitud en su entorno.
La pereza intelectual se ha apoderado de la izquierda abertzale. La saludable batalla de las ideas que siempre le ha caracterizado ha ido dejando paso a una especie de apatía en la que casi nada se discute y nada se cuestiona. Decisiones políticas, ideológicas y organizativas de primera magnitud quedan en manos de un reducido grupo, mientras la mayoría se ve resignada al papel de agente pasivo y acrítico. Si aciertan, bien y, si no, también.
Otra forma de hacer política es posible pero, para ello, muchos nos tenemos que despojar de nuestra pereza intelectual, y otros, aunque también les de pereza, tendrán que acostumbrarse a pensar que nadie está facultado -excepto delegación expresa- para tomar decisiones por todos y todas; porque, precisamente, decidir en nombre de los demás fue uno de los grandes males de la etapa anterior que el espíritu de Zutik Euskal Herria trataba de superar.
Sólo desperezándonos, y con la activación de todo el capital humano acumulado por la izquierda abertzale, más el que venga a sumarse, tendremos la garantía de que nuestro proyecto se convierta en una realidad asumida por la mayoría social.
Kepa Gordejuela y Rakel Peña (miembros de la izquierda abertzale)
jueves, 5 de febrero de 2009
Lehendakari, éstas son sus elecciones.
Publicado en Gara
EDITORIALA
Lehendakari, éstas son sus elecciones.
¿Las va a defender?
Según el Estatuto de Autonomía –ley orgánica que se supone aún vigente–, «la Comunidad
Autónoma del País Vasco tiene competencia exclusiva » en la «organización, régimen y funcionamiento de sus instituciones de autogobierno dentro de las normas del presente Estatuto» y en la «legislación interior que afecte al Parlamento Vasco». Atendiendo a la Ley de Gobierno, al lehendakari le corresponde, «bajo su exclusiva responsabilidad», la disolución del Parlamento y
la convocatoria de elecciones.
Y en función de esa atribución, Juan José Ibarretxe Markuartu firmó el decreto 1/2009 de 2 de enero por el que disolvía la Cámara autonómica y llamaba a la ciudadanía a las urnas el 1 de marzo para la elección de nuevos representantes. Además, según el artículo 33 del antes citado Estatuto de Autonomía a usted, lehendakari, le corresponde la «representación ordinaria del Estado en este territorio».
Ahora, un juez de la Audiencia Nacional, en fase de instrucción,
se prepara para alterar, en base a una decisión política, la celebración de sus elecciones. Lehendakari, ¿va usted a defender sus instituciones?
Siguiendo la línea argumental de la Policía española y del Ministerio del Interior, el juez Baltasar Garzón ha llamado a declarar como imputados a otros trece ciudadanos vascos y cabe sospechar que por el mismo motivo trató ayer de detener a otro más. Al parecer, no le bastó con la redada del viernes 23 de enero, que acabó con el encarcelamiento de ocho personas por el mero hecho de intentar presentarse a las elecciones que usted, lehendakari, ha convocado. La perversidad de este procedimiento pone patas arriba todos los principios del Derecho. No se detiene o imputa a alguien porque esté cometiendo un delito. No. Lo que se hace es determinar cuál es el delito imputable para obtener un fin determinado –en este caso la suspensión de actividades o la prohibición de unas candidaturas– y se buscan chivos expiatorios. En este caso, Baltasar Garzón necesita procesar por «integración en organización terrorista» a miembros de Askatasuna y D3M para suspender las actividades de ambas formaciones y ha elegido para ello a unas personas sin que, con toda probabilidad, pueda demostrar que ninguna de ellas ha llevado a cabo personalmente «actividad terrorista» alguna. Y, a buen seguro, este paso –en fase de instrucción y todavía revocable– de la Audiencia Nacional servirá de base argumental para la Sala del 61 del Tribunal Supremo que debe fallar antes del sábado.
Con estos juegos de manos, realizados al alimón por el Gobierno español, la Fiscalía, la Abogacía del Estado, la Audiencia Nacional y el Tribunal Supremo, las elecciones que usted, lehendakari, convocó y que su Ejecutivo organiza y paga –cabía suponer que con el fin de que respondan a la voluntad popular– se van a ver completamente alteradas, de forma que el próximo Parlamento estará diseñado por Madrid y no por el electorado de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa. Y así la investidura del próximo lehendakari quedará amañada, al igual que las leyes que apruebe esa Cámara. ¿Qué hubiera sido de anteriores investiduras, de aquel Nuevo Estatuto o de la Ley de Consulta en un Parlamento mutilado como el que se elegirá ahora? Lehendakari, están trucando sus elecciones y usted no hace nada.
EDITORIALA
Lehendakari, éstas son sus elecciones.
¿Las va a defender?
Según el Estatuto de Autonomía –ley orgánica que se supone aún vigente–, «la Comunidad
Autónoma del País Vasco tiene competencia exclusiva » en la «organización, régimen y funcionamiento de sus instituciones de autogobierno dentro de las normas del presente Estatuto» y en la «legislación interior que afecte al Parlamento Vasco». Atendiendo a la Ley de Gobierno, al lehendakari le corresponde, «bajo su exclusiva responsabilidad», la disolución del Parlamento y
la convocatoria de elecciones.
Y en función de esa atribución, Juan José Ibarretxe Markuartu firmó el decreto 1/2009 de 2 de enero por el que disolvía la Cámara autonómica y llamaba a la ciudadanía a las urnas el 1 de marzo para la elección de nuevos representantes. Además, según el artículo 33 del antes citado Estatuto de Autonomía a usted, lehendakari, le corresponde la «representación ordinaria del Estado en este territorio».
Ahora, un juez de la Audiencia Nacional, en fase de instrucción,
se prepara para alterar, en base a una decisión política, la celebración de sus elecciones. Lehendakari, ¿va usted a defender sus instituciones?
Siguiendo la línea argumental de la Policía española y del Ministerio del Interior, el juez Baltasar Garzón ha llamado a declarar como imputados a otros trece ciudadanos vascos y cabe sospechar que por el mismo motivo trató ayer de detener a otro más. Al parecer, no le bastó con la redada del viernes 23 de enero, que acabó con el encarcelamiento de ocho personas por el mero hecho de intentar presentarse a las elecciones que usted, lehendakari, ha convocado. La perversidad de este procedimiento pone patas arriba todos los principios del Derecho. No se detiene o imputa a alguien porque esté cometiendo un delito. No. Lo que se hace es determinar cuál es el delito imputable para obtener un fin determinado –en este caso la suspensión de actividades o la prohibición de unas candidaturas– y se buscan chivos expiatorios. En este caso, Baltasar Garzón necesita procesar por «integración en organización terrorista» a miembros de Askatasuna y D3M para suspender las actividades de ambas formaciones y ha elegido para ello a unas personas sin que, con toda probabilidad, pueda demostrar que ninguna de ellas ha llevado a cabo personalmente «actividad terrorista» alguna. Y, a buen seguro, este paso –en fase de instrucción y todavía revocable– de la Audiencia Nacional servirá de base argumental para la Sala del 61 del Tribunal Supremo que debe fallar antes del sábado.
Con estos juegos de manos, realizados al alimón por el Gobierno español, la Fiscalía, la Abogacía del Estado, la Audiencia Nacional y el Tribunal Supremo, las elecciones que usted, lehendakari, convocó y que su Ejecutivo organiza y paga –cabía suponer que con el fin de que respondan a la voluntad popular– se van a ver completamente alteradas, de forma que el próximo Parlamento estará diseñado por Madrid y no por el electorado de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa. Y así la investidura del próximo lehendakari quedará amañada, al igual que las leyes que apruebe esa Cámara. ¿Qué hubiera sido de anteriores investiduras, de aquel Nuevo Estatuto o de la Ley de Consulta en un Parlamento mutilado como el que se elegirá ahora? Lehendakari, están trucando sus elecciones y usted no hace nada.
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