ENDESA: DE AQUELLAS PRIVATIZACIONES, ESTOS RECIBOS




Copiado de lacomunidadcadenaser.com ENDESA: DE AQUELLAS PRIVATIZACIONES, ESTOS RECIBOS

Por razones de liquidez y para cumplir con los criterios de Maastricht, que obligaba a la liberalización del sector al menos en un 30 %, el Gobierno de Felipe González inició la privatización de Endesa (20 % en 1988 y 9 % en 1994). Fue llegar el Gobierno del PP y ver los cielos abiertos al encontrarse un maná para vender y hacer caja (así yo también reduzco el déficit), poniendo a la venta inmediatamente (en 1997) el 25 % del capital que retenía el Estado y al año siguiente el resto (33 %). El patrimonio público de la Nación quedaba privado del control y beneficios de la mayor empresa de producción de energía de España (y parte del extranjero). Pero ésta no fue sólo una operación para “hacer caja”; por esas artes que tan magistralmente manejaron los trileros del Azna-Rato, ya habían colocado al frente de la empresa que se iba a privatizar a su peón-presidente, casualmente Martín Villa; luego heredaría el cargo casualmente Manuel Pizarro, quien ya andaba agazapado a la espera de que, como a Fabra, le tocara el gordo.

Todo se vendía sin que el pueblo dijera esta boca es mía, esperando los grandes beneficios que la liberalización iba a reportarnos en el recibo de la luz. Así que no sólo perdimos la principal empresa pública en producción de energía, sino que, en concepto de “costes de transición a la competencia”, aquella especie de indemnización (o impuesto revolucionario o impuesto de extorsión terrorista) que deberían recibir las grandes empresas energéticas por aceptar la competencia, en septiembre de 1997 el ministro del PP Piqué entregó a las compañías eléctricas la friolera de 1,9 BILLONES con B de BURRO de la caja común.
Pero ya sabemos lo que son los insaciables puestos a pedir

Seguimos pagando competencia y liberalización y no veas a qué precios, añadiendo ahora el coste de la subvención a las energías renovables o alternativas o como quiera que se llamen los molinillos y placas solares que pagamos a precio de oro.
No quiero ni entrar en el tema de los efectos que la privatización tuvo sobre el empleo y la seguridad social. La privatización fue acompañada de unos planes de prejubilación (como en telefónica y otras) para desprenderse a mansalva de trabajadores sin que rechistaran. Bonita manera de despedir sin que aumente el paro y de aumentar la rentabilidad de la empresa privada endosando a la seguridad social el coste de los despidos (perdón, prejubilados a partir de 50 años).
Tampoco entraré en cómo el afán por el beneficio empresarial hace que todo el interés gire en cómo aumentar la tarifa sin mejorar el servicio; y así pudimos ver el invierno pasado amplias zonas de Cataluña sin luz porque la nevada pudo con un tendido eléctrico precario por falta de inversión en su renovación.
Razón tenía el que fue ministro de Industria y energía, Joan Majó, al oponerse abiertamente a la privatización de Argentaria y Endesa: “En ambos casos se trata de empresas que suministran un bien básico para las personas y para las empresas, la energía eléctrica o el dinero. Tanto el sector eléctrico como el sector financiero deben estar fuertemente regulados y, aunque pueden estar operados por agentes privados, es obligación de los poderes públicos garantizar que los objetivos del beneficio empresarial no se antepongan a las exigencias del servicio público”
(…) “Hoy sigo convencido de que, siendo pública, Endesa hubiera invertido más en la Costa Brava y menos en Chile, aunque esto les haya sido más rentable, y creo que el Banco Exterior podría ser ahora un buen canalizador de dinero hacia las empresas, en lugar de obligar al ICO a hacer un gran esfuerzo para el que no tiene la infraestructura necesaria. ¡Qué lástima!”

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