Sonrisas olímpicas

Cronopiando
Koldo Campos Sagaseta,  Sonrisas olímpicas.
Ignoro si alguna vez, en un pasado que se me antoja remoto, fueron las Olimpiadas ese lúdico encuentro de pueblos y naciones que sirva de pretexto para hermanar culturas y promover el deporte, o a qué vertedero del consumo fue a parar el llamado espíritu olímpico que hoy se invoca cuanto más se niega, pero las Olimpiadas que se acaban de inaugurar en Londres, así no quede un récord ileso, son una patética demostración de hasta qué punto cualquier excusa olímpica pasada fue mejor. El Mercado, único atleta que aparentemente no representa a ningún país porque es la mejor manera de representarlos a todos, terminará acaparando el oro, la plata, el bronce, todo el medallero. Y, junto al Mercado, unos medios de comunicación oreando sándalo espumoso sobre la crisis económica y social que constriñe al mundo. El incienso que prodigaron el presidente del Estado español y su monarca también se hizo presente en la despedida a los atletas españoles, catalanes, vascos, gallegos, cubanos, dominicanos, ecuatorianos, brasileños, mexicanos, suizos, franceses, ucranianos, rumanos, chinos, congoleños y marroquíes, que representan al Estado español. “Una vez más, vais a ser modelo de conducta y ejemplo para los más jóvenes. Es una gran responsabilidad de la que estoy seguro sabréis estar a la altura” –declaró quien habría sido segura medalla de oro en caza mayor de haberse contemplado como disciplina olímpica la matanza de elefantes. Mariano Rajoy, fiel a su estilo, nos volvió a deleitar con su habitual elocuencia: “Estoy absolutamente seguro de que España estará, una vez más, en el lugar que le corresponde…” –y por si no se entendiera tan sesuda reflexión, apostilló: “… siempre a la altura de las circunstancias.” Todavía el presidente tuvo luces, las que acostumbra, para concluir: “Y voy a aplicar para superar esta situación por la que pasa el país la misma receta que aplican nuestros deportistas: trabajo, esfuerzo, dedicación y perseverancia.” “El lugar que le corresponde…” En un primer momento hubo quien apostó por superar las 13 medallas de oro conseguidas en Barcelona. Tras el soplo de enardecido patriotismo la calentura fue remitiendo grados y comenzó a vislumbrarse la posibilidad de superar las cinco medallas de oro de Pekín. Han transcurrido cuatro días de competición y “circunstancias”, que diría Rajoy, y las aspiraciones que aún se mantienen ilesas se conforman con alcanzar cinco medallas, que el metal es lo de menos. Mañana, en la Bolsa de los egos patrios, se revalorizarán los diplomas olímpicos. De momento, y no lo digo por joder, el Estado español comparte espacio en el medallero olímpico con Grecia y Uganda.  www.cronopiando.com

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