ACHICORIA EN EL BOPV

Mucho se escribe estos días de aflicción económica generalizada sobre una más que supuesta incapacidad de las instituciones comunes y de los gobiernos de los estados de la Unión Europea para hacer frente a los requerimientos de la coyuntura. En esta ocasión no es la típica serpiente de verano; cada vez son más los países miembros expuestos al descrédito y al vaivén de movimientos especulativos que erosionan sus patrimonios públicos y privados, y lo que es más grave, sus posibilidades de recuperación de la senda del crecimiento y la recuperación del empleo. Crisis de inusitada magnitud que acontece en ausencia de herramientas y cuando los protagonistas políticos se muestran más incapaces.

La opinión especializada que de manera más o menos unánime critica los torpes movimientos del BCE en los días atrás, viene a ser coincidente también en la imperfección de un modelo, el europeo, en el que los avances en la unión monetaria no fueron seguidos por una más estrecha integración política (una moneda, un banco, un parlamento). Es ahora que se pone de manifiesto en toda su crudeza la distinta calidad de las economías que componen este mismo espacio de moneda compartida que se agitan voces reclamando armonías fiscales y mayores esfuerzos en la aproximación de las distintas legislaciones laborales y mercantiles; también de régimen presupuestario, hacia un patrón común, más cercano al de las economías del norte protestante. Cigarras católicas y ortodoxas y hormigas protestantes abocadas a una liturgia más ecuménica, en un empeño que se antoja casi imposible y en un devenir probable en el que es la propia Unión la que se encuentra en peligro.

Mientras tanto, en nuestro paisito también hay quien levanta la cabeza en un afán por obtener un protagonismo y una iniciativa que le son negados en el día a día de su quehacer político. Le han escrito al lehendakari un artículo en el que se reclama una determinada política de presión fiscal discriminada para aumentar los recursos públicos disponibles. En resumen, aumentar los tipos de las rentas más altas (sin mayor concreción) y reflotar el impuesto de patrimonio. Eso, y un recadito en relación con la mejor persecución del fraude fiscal. O sea, el típico bla, bla, bla, para decir aquí estoy (de vacaciones), también existo. Una cosa insípida, como gaseosa es la del famoso pacto de salarios y de beneficios que estos días ofrece su colega candidato Rubalcaba, por no tener la boca cerrada, que no puede. Propuesta, la de Patxi Lopez, insípida y gaseosa porque no es desde Gasteiz, precisamente, desde donde se dicta la política fiscal de nuestro país.


Y a nada que se piense, resulta estrambótico un modelo, el nuestro, en el que la derecha instalada en la máquina de recaudar dinero, las DDFF de Bizkaia y también de Araba, aboga por, en desolación, no pasar más el cepillo y reducir la pompa y el incienso, y una izquierda (¿?) que al frente del presupuesto de gastos de la CAPV dispone una defensa de las principales partidas del gasto social, sin el crédito necesario. Dos modos de hacer frente a la crisis que no es que resulten antagónicos; es realmente algo peor, pues cuando se plantean al mismo tiempo conducen necesariamente a la parálisis. Los contrarios que se anulan.

¿Cómo de ese modo hacer política presupuestaria (en realidad, la única política económica pública posible, dado que la política monetaria no está en nuestra mano)?. Se dirá que el OCT (Organo de Coordinación Tributaria) solventa la incapacidad de la Legebiltzarra (¡ahí va lo que ha dicho!). En cualquier caso, una chapuza por lo que supone de limitación al liderazgo necesario en momentos de tribulación.

Chapuza que tiene que ver con el entramado institucional y la distribución competencial en el que se basa el fundamento de nuestra organización política, anacrónico modelo de nostálgicos y de estrategas de una segunda línea Maginot de resituación del poder en el Palacio de Invierno (especialmente el de la gran Vía de Bilbao) para cuando vienen mal dadas, pero que, a la vista está, lastra las posibilidades de hacer la política (la que sea) que el momento exige.

Obama preso de su TEA PARTY en el Congreso y aquí un lehendakari y unas DDFF que disuelven con achicoria cualquier expresso urgente de ponerse en el BOPV.

Iñaki Ezkurra

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