Independencia: Alternativa para una democracia política y social


Independencia: Alternativa para una democracia política y social
Rafa Diez - Ex secretario general de LAB

Euskal Herria es una nación negada pero en permanente pulso por su construcción. Apoyada en unas bases objetivas que le dan identidad propia (lengua, cultura, proceso histórico, lucha de resistencia...) se ha desarrollado una fuerte oposición a la asimilación forzosa de la hegemonía española y francesa y, una voluntad de constituirse políticamente como nación. Esta conciencia y reivindicación nacional ha tenido formulaciones políticas diferentes en función de cada contexto histórico.

Hoy, en un mundo globalizado económicamente y en permanentes recomposición por el ansia de reconocimiento y justicia de decenas de pueblos, la referencia independentista se sitúa para Euskal Herria como alternativa desde un primario reconocimiento nacional y respeto a la voluntad popular como cimientos básicos para que la sociedad, desde su pluralidad, determine el modelo de relaciones con ambos Estados y órganos supranacionales. En defensa de esa posición independentista quiero situar los principios que dan cuerpo a ese planteamiento.

a) La independencia: alternativa a vertebrar democráticamente

La independencia es una alternativa a lograr con la adhesión social mayoritaria. Su legitimación tiene que estar exclusivamente soportada en el aval social. Esta apuesta por "vías exclusivamente políticas" necesita indispensablemente de un marco democrático de confrontación de ideas y proyectos políticos. Espacio democrático que debe conformarse desde el respeto, sin injerencia e hipoteca alguna, de los Estados Francés y Español a la voluntad de la ciudadanía vasca. Cuestión ésta determinante para la superación del conflicto político violento que sigue sufriendo Euskal Herria.

El proyecto independentista que propugnamos, pues, parte de unos postulados democráticos, tanto en la forma de entender el sujeto político de la Autodeterminación, -personas que trabajan y viven en Euskal Herria- como en el respeto a las pluralidades internas y sus respectivos derechos individuales y colectivos. Es decir, no entendemos la identidad nacional vasca como algo excluyente y xenófoba, sino integradora y multicultural dentro de un proyecto común de soberanía política para Euskal Herria.

b) El Estado Vasco: La independencia en un mundo interdependiente

Entendemos la Independencia como la creación de un Estado Vasco que participe como cualquier otro Estado-nación actual en el proyecto común europeo. Las instituciones vascas soberanas compartirán o harán cesión de soberanía al ente supranacional europeo, pero no compartirán o harán cesión de soberanía a los estados francés y español.

La independencia la situamos como parte de un proyecto europeo al que queremos aportar en calve de democracia real y justicia social. Esto quiere decir que Euskal Herria, desde el reconocimiento de su plena soberanía y poder institucional, acceda en pie de igualdad a las estructuras políticas supranacionales, reunidas en una federación o confederación de naciones y pueblos de Europa.

Por tanto, no queremos construir la independencia contra nadie, impulsando fronteras económicas y sociales insolidarias, sino que queremos que el Estado vasco -desde el respeto a la voluntad de sus ciudadanos- sea propulsor de un flujo económico, social y cultural desde la libertad y la cooperación. En una economía globalizada e interdependiente el Estado Vasco tiene que ser una garantía en la defensa de los intereses de la mayoría de la sociedad.

c) Estado Vasco, democracia y universalismo

La independencia es una reivindicación que aporta un valor al funcionamiento democrático, a la solidaridad y al universalismo. La constitución de un Estado vasco no significa, en absoluto, el impulso de tendencias arcaicas ni el rechazo a los valores universales en lo político y cultural. Al contrario, desde el desarrollo de la identidad nacional y cultural vasca nuestra aportación a lo universal y viceversa resulta mucho más eficaz. Rechazamos, pues, los discursos que, desde conceptos de modernidad y universalismo, se dedican a vilipendiar los derechos y aportaciones socioculturales de las realidades nacionales o indígenas oprimidas.

En el mismo sentido, la soberanía de las instituciones vascas profundiza la participación democrática de la ciudadanía en sus decisiones políticas y económicas. Si el Derecho de Autodeterminación es un fundamento de la democracia, su ejercicio permite a colectividades nacionales asumir niveles de participación y aportación en su desarrollo democrático.

d) La independencia, la cohesión social y la solidaridad de clase

La reivindicación de la independencia y la voluntad de construcción nacional no significa en absoluto, desde nuestra posición de clase, la insolidaridad con los explotados y oprimidos de otras nacionalidades y pueblos del mundo.

Nacionalismo emancipador e internacionalismo son conceptos complementarios. Construir la propia nación y ser solidario con otros países, y especialmente con sus trabajadores y clases populares, forma parte de la teoría y praxis de la izquierda abertzale. Las críticas planteadas tradicionalmente desde la izquierda política y sindical española, considerando que el nacionalismo vasco limita la toma de conciencia de clase en el marco estatal, que los espacios económicos amplios son más idóneos para la construcción del socialismo o que las pretensiones de construir una pequeña nación ante la existencia de la UE es un anacronismo, además de ser falsas, han alimentado las posiciones neofranquistas.

El despreciar o rechazar el peso que tiene el universo nacional vasco (simbólico, mítico, cultural, lingüístico, político...) en la conformación de la conciencia de clase es, a mi entender, reaccionario y contraproducente, y así lo ha demostrado la realidad: el ámbito estatal no ha propiciado una mayor unidad, conciencia y organización de la clase obrera.

e) El Estado Vasco y el cambio social

Desde la aceptación de a necesidad de interrelación económica con las demás naciones y pueblos de Europa, la independencia de Euskal Herria, fuera de toda vocación autárquica y aislacionista y con la utilización de resortes económicos y productivos propios, será un activo positivo para organizar una gestión democrática y avanzar en un modelo social alternativo.

Frente a las tendencia de concentración económica e impulso de dinámicas desreguladoras en las relaciones económicas y sociales, la reivindicación independentista es un capital para la cohesión y solidaridad social.

El ultraliberalismo pretende desmantelar el Estado, desde el falso argumento de que frena el desarrollo económico y la competitividad. Esta pretensión esconde la voracidad del capital por conseguir nuevos espacios económicos para sus intereses, espacios libres y desregulados desde donde dirigir su expansión e incidencia económico-política.

Como vemos de forma irrefutable, el mercado dejado a su libre inercia crea grandes desigualdades, siendo fuente de explotación y pobreza. El papel del Estado es esencial para corregir los efectos perversos del mercado capitalista. En una Euskal Herria sin materias primas y escasos recursos energéticos el sector público tiene que situarse como tractor de la economía, incentivador de una diversificación industrial desarrollando capacidades propias con impulso de la formación e innovación y, especialmente, garantía de cobertura y protecciones sociales básicas que permitan profundizar una auténtica democracia social y avanzar hacia el socialismo.

En definitiva, la referencia independentista, unida a la exigencia de una auténtica democracia social, tiene gran proyección y virtualidad como alternativa para vertebrar un espacio mayoritario de la sociedad vasca. Frente a "vasquismos" condicionados por la hegemonía español y francesa e ideológicamente situados como maquilladores del modelo económico vigente, frente a abertzalismos convertidos en mero cipayismo político y económico neoliberal, el planteamiento independentista y socialista, con sus diferentes estaciones tácticas, tienen que marcar la referencia para las generaciones en este siglo XXI. Es la hora de los pueblos y de la sociedad frente al neoliberalismo e imperialismo en todas sus formas y características.

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