Tiempos de zozobra, tiempo de convicciones

Jon Gurutz Olaskoaga, Baleren Bakaikoa, José Manuel Castells, Luis
Bandrés Y Pedro Ibarra.
Creemos que estamos viviendo durante los últimos tiempos el mayor
ataque al Estado de Derecho desde los no tan lejanos tiempos del franquismo. En una cascada que no parece tener fin, el inicio está en la Ley Antiterrorista que posibilita los malos tratos, luego vino la Ley de Partidos Políticos que permitió expulsar de la vida política a una parte importante de nuestros conciudadanos. Previamente ya habían cerrado dos periódicos, Egin y Egunkaria, la clausura de Egin Irradia y abierto en la Audiencia Nacional el macrosumario 18/98. Luego vino
el encarcelamiento de un elevado número de dirigentes de Batasuna.
Cuando los más de 500 años de cárcel de condena por el citado sumario todavía habían dejado impactada a una parte importante de la sociedad vasca, termina, probablemente de momento, este ciclo con la más que previsible evidencia de que han sido torturados Portu y Sarasola.

Es en esta última actuación de la Guardia Civil, y en las reacciones que ha provocado, donde se puede resumir la degeneración en que se encuentra una parte muy importante del sistema político español. Las declaraciones de destacados líderes del PP y del PSOE después de las denuncias de las citadas torturas reflejan claramente esta situación.
Conviene recordar algunas: "Que las bajas no sean nuestras" (Bono); "Vergonzosa doble moral por reclamar derechos humanos para los terroristas y negarlos para los guardia civiles" (Chivite); "En Capbreton no hubo costilla rota sino tiro en la nuca" (Sanz); "No hace falta pedir explicaciones"(Carmelo Barrio); "Las declaraciones de la portavoz del Gobierno vasco constituyen un episodio lamentable que ofende" (Paulino Luesma); "Los miembros del Gobierno vasco deben pedir disculpas porque cometieron una terrible irresponsabilidad, un despropósito y una indecencia política al dudar de la forma en que se produjeron las detenciones" (Rodolfo Ares); "El ejecutivo autonómico
se carga la presunción de inocencia, dando cobertura a ETA en lugar de al Estado de Derecho" (Patxi López) y así un largo y terrible etcétera que azota las conciencias democráticas.

Si salvando el tiempo y las distancias, las ilegalizaciones, los cierres de periódicos, las condenas de un tribunal de excepción como la Audiencia Nacional, el chapoteo judicial, las denuncias de torturas y, en definitiva, cuando la versión del actual ministro de interior del PSOE ofrece la misma credibilidad, basada exclusivamente en simples informes policiales, que la de un ministro de gobernación franquista, es sin duda debido a que no estamos tan lejos del horror franquista, a que una parte muy importante de los actuales dirigentes políticos y del sistema judicial español parecen ser herederos de aquel tiempo y a que están todavía contaminados por el mismo. Había que ser bastante iluso para pensar que una corta transición, sin pedir responsabilidades, iban a convertir el Estado, de la noche a la mañana, en un modelo equiparable a los regímenes de la venturosa e intachable Europa. El resultado es el que tenemos: la España de hoy, la del PP y lamentablemente también la del PSOE. Naturalmente cada una con su diferente matiz pero unidos en lo esencial.

Es tiempo de zozobra y por ello debe de ser tiempo también de renovadas convicciones. Los vascos demócratas debemos decir como siempre no a ETA, pero al mismo tiempo y con la misma vehemencia le debemos recordar al Estado nuestra posición opuesta a la ley de partidos, a la Audiencia Nacional, al macrosumario 18/98, a legislaciones de excepción, a las ilegalizaciones, y, da vergüenza tener que repetirlo, un no rotundo a la tortura. El Pacto de Ajuria Enea propició un error conceptual grave, y que es que todos los partidos por el mero hecho de oponerse a ETA eran democráticos y
además para siempre. Esto, desde luego no es así, y debemos de marcar una clara distancia entre los que defendemos el Estado de Derecho por un lado y la de quienes son responsables de la actual situación de regresión democrática por otro.

No es mucho lo que nos queda ante tan desolador panorama. Quizás la leve esperanza proporcionada por Amnistía Internacional así como otras instancias como el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, comiencen al unísono a enmendar la plana a toda esta triste situación; o quizás mejor, emulando a Churchill, cuando en 1940 solo tenía para ofrecer sangre, sudor y lágrimas al pueblo británico, pero al final, después de muchos sacrificios, les ofreció la victoria a sus conciudadanos.

Nosotros también, firmes en nuestras convicciones y haciendo honor a nuestra trayectoria, debemos perseverar incansablemente hasta conseguir la victoria. Victoria que en nuestro caso sería el restablecimiento de las garantías de un Estado de Derecho, Estado, que visto lo visto, mejor sería que fuese el nuestro propio.

* Son profesores de la UPV-EHU

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