ESPAÑA ME TIENE FOVICO

Sábado, 1 de septiembre de 2007
ESPAÑA ME TIENE FÓBICO

David A. Fajardo Rodríguez

*Estudiante de psicología

Noche de sábado; las ululantes masas juveniles proceden y sucumben a sus rituales semanales de sábado y vida nocturna, comienza la ingesta masiva de Etanol encubierto como "suaves cócteles" , también el consumo de otros estimulantes que se ingieren por las vías que usamos para respirar; las aceras empiezan a portar un decoro de asquerosos vómitos, los "chandaleros" de burbujeantes testosteronas intercambian algunos golpes con sus puños, llenos de osados anillos de oro, no ganados propiamente con el fruto del trabajo.

Las mujeres se visten de manera sugerente, con la misma cantidad de tela que contiene una bayeta de fregar, se produce alguna que otra violación, por supuesto no se hacen públicas para no crear alarma social, y en estos macro-festines, nadie está exento de ver el más alto nivel de degradación moral, cuando dos descarados -como si fuesen burdos animales- copulan en público.

Por las carreteras aparecen como balas, coches que desprenden destellantes luces de neón "azules" y una música a un nivel de decibelios que debe -por narices- afectar a la capacidad auditiva de cualquier ser humano.

¡No!, no hay botellón, ya no, esta prohibido, aunque estas masas juveniles han clamado protestas a nivel nacional, concentraciones y escritos con el fin de que vuelva a ser permitido; es curioso, pero haciendo una reminiscencia -a través de lo leído y escuchado testimonialmente- ,antiguamente, las juventudes hacían concentraciones por la defensa de los derechos laborales, contra el capitalismo y el clasismo, contra los cambios en la ley de educación y un largo etcétera que conforman una gran trayectoria de lucha y activismo juvenil; ahora lo hacen, pero en defensa del botellón y el teatro de degradación al que este fenómeno conduce.

Me han llegado a contar que, hace unas décadas, las juventudes universitarias poseían -no todos pero sí en su gran mayoría- un carisma y personalidad definida, acrecentaban sus melenas como distintivo de rechazo, hacían extravagante sus vestimentas y a la par comprometida con las ideologías, llenaban sus carpetas con la imagen del Che, esa famosa imagen que korda un buen día inmortalizó, pegatinas con el símbolo de la paz y de la honorable, pulcra y bella bandera de las siete estrellas verdes... pero ahora, cuando le miro la carpeta a cualquier muchachuelo compañero de facultad, lo único que veo es una pegatina con el eslogan consumista: póntelo, pónselo. De pena.

Pues en esta noche de sábado -con la intención de dejar una estela de contraste- aquí me hallo, con la incisiva luz de mi flexor apuntando al libro que portan mis manos, leyendo y subrayando con ansia un ensayo de Focault, sobre la mesa un café que contiene la carga de cafeína suficiente para mantenerme despierto mientras acabo con esta obra, y sobre mi escritorio, el grisáceo portátil que desprende de sus altavoces, suavemente, una melodía de Wagner; ¿no es más preferible esto que ceder a las tretas colonialistas que ofrecen a la juventud el masivo sedante de noche/droga/fiestas/desfase? Es triste asumir que esas juventudes sedadas, nubladas, robotizadas y, por lo tanto, tornadas para no pensar serán la columna de Heracles del futuro canario.

Pero sucede que (en esta noche de Sábado) en una de las estanterías que tengo al frente, un libro me llama la atención de una manera especial, es un manual de fobias, como saciador de curiosidad que soy, le echo un vistazo y cual es mi sorpresa cuando me doy cuenta de que me siento identificado con muchísimas de esas fobias - a nivel figurado pero con un giro realista- siendo España el agente patológico causante de dichas fobias y, probablemente, estas fobias son padecidas por el resto de canarios despiertos y críticos para con las realidades políticas, económicas, sociales. etc.

Puestos a explorar, comparto estas irónicas fobias que padezco...

La primera de estas fobias es la pirofobia, sí, la fobia al fuego; creo es normal que la padezca después de ver como -hace escasas semanas- media isla ardía como el petróleo, mientras los bomberos de turno permitían la proliferación de ese fuego. Bomberos inútiles, que para sentirse exentos de culpa y así apagar el fuego de sus conciencias, repetían constantemente en aquellos angustiosos momentos la frase: "esperamos ordenes" y mientras esperan ordenes divinas se dedicaban a tocarse ciertas partes erógenas de su cuerpo cuando frente a sus ojos las ovejas, baifillos, gallinas, cochinos, perros, casas, terrenos, cosechas... y patrimonio de vida de pastores y no pastores se reducía a nada o a escombro y polvo.

Ésta es una fobia que no puedo evitar y que va en aumento, más aún, cuando sé que para apagar estos fuegos no se cuenta con los pueblerinos o gentes del lugar, sino con un rebaño de godos sevillanos que vienen aquí a beberse el roncito canario, mamando dietas y suplementos económicos por estar fuera del territorio geogodografico peninsular.

Me tiemblan las piernas (síntomas fóbico) cuando imagino la fecundidad del campo y las cumbres dependiendo de cuatro repeinados (que se dedican a decidir como repoblaran lo incendiado), recién licenciados que visitan las zonas afectadas con un betún en el bolsillo por si los zapatos de cuero se llenan de tierra, con su botellita de agua en plan dominguero y sus caras embadurnadas de cremitas solares, resumiendo, la opulencia señorial llevada al campo.

Ahora mismo estoy temblando.

Pero girando el tercio, otra de las fobias abrumadoras que padezco es la politicofobia.

Estoy convencido, de que la desensibilización sistemática no reduce esta fobia, solo a través de la anhelada independencia este cuadro fóbico remite.

Pasa, que todos los políticos canarios son unos malditos colaboracionistas de la opresora España y, el que no lo es, no tardará mucho es ser GODOMIZADO (éste termino en mi diccionario particular dícese del normal canario que se convierte en infracanario colaboracionista renunciando a su juicio propio y congelando la actividad del pensar, convirtiéndose en un títere y lacayo de las ordenes y directrices que salen de Madrizzz).

Encender los televisores es asumir nuevos casos de corrupción, en consecuencia, es asumir que los impuestos de los ciudadanos financian algunos yates, chalecitos campo-playa, finquitas pa' los asaderitos entre elevadas esferas envueltas de densas nubes de humo que producen los habanos de importación.

Actualmente, siguen las oleadas corruptas y algunos dineros públicos siguen siendo destinados a sociedades bolsilleras, pero...mejor no sigo, pues, ahora me empiezan a temblar hasta las orejas.

Otra fobia, inevitable, es la atefobia; el miedo/pánico a la ruina, ruina a la cual nos conduce la garrapata española, pues teniendo la climatología que tenemos que permite tres cosechas anuales y tierras para cultivo, no se produce absolutamente nada, condenando a canarias a una mayor dependencia exterior y sometiéndola a la dañina importación.

Es inevitable temer la ruina cuando apreciamos como se dedican a esterilizar la tierra con las plantaciones masivas de pinos en zonas de cultivo; para colmo, le hacen la vida imposible al pastor, extorsionándolo, obligándole a vender por cuatro duros -perdón- cuatro euros todo su patrimonio y trayectoria de vida.

La agricultura rural es sustituida (como dice un buen amigo) por la de parques y jardines, campitos de golf para que vengan (a agarrar el palo y tocar las bolas) el grupúsculo capitalista de turno a especular con los cuatro trozos vírgenes de tierra que nos quedan.

Existe un incremento espeluznante de fallecimiento por canceres, tal vez, las papas de Egipto, las manzanas de Chile, las carnes del Brasil, el pescado de Japón y un largo etcétera tengan algo que decir a estas oleadas de enfermedades que desbordan los hospitales, este hecho hace que -también- padezca nosofobia, es decir, temor a las enfermedades.

La cementofobia, la fobia al cemento es un mal compartido por muchos canarios que vemos como la bella geografía de nuestra tierra es adulterada y violada por cantidades desmedidas de cemento y vigas.

Intentar disfrutar de una puesta de sol en la zona sur de Tamaran es algo quimérico, pues habría que intentar saltear todas las fronteras visuales que generan las hilachas de hoteles y apartamentos que, por cierto, los explotan y se enriquecen a costa de los canarios los fuereños o foráneos que tienen aquí su negocio tragaperras.

Existe una irracional fuerza que conduce a la construcción mas-iva, o mas-igic, "igic"que algún constructor en convenio con el politicus-corruptus se mete en el bolsillo.

La especulación en Canarias es como un pulpo que con sus rejos se va apoderando de nuevas zonas que serán victimas potenciales del hormigón.

En los planos arquitectónicos no son respetados ni tomados en cuenta los yacimientos aborígenes, donde si un camino alquitranado (una carretera) tiene que atravesar un poblado o casa-covacho, lo atravesará sin muchos miramientos.

Lo más lamentable es que el cemento comienza a abrirse camino isla adentro.

La ultima de estas fobias, aunque hay muchas más, pero para no hacer esto demasiado extenso, es la Ofidiofobia, miedo a las serpientes.

Es lógico, puesto que por las cumbres, como si esto fuese Asia, pululan las serpientes por los barrancos, reproduciéndose y mordiendo a los que se encuentren por delante.

En éstas islas prostituidas se pueden entrar todo tipo de animales exóticos, nadie le hará ningún tipo de control, pueden entrar desde arañas venenosas hasta Boas.

A raíz de ésta noticia es normal que se desarrolle este tipo de fobia.

Podría seguir y seguir describiendo todas las patologías que la infecciosa España produce en nuestra tierra, patologías que se extinguirían con el elixir de la libertad e independencia, pues es la única vía para salvar nuestra tierra del paulatino suicidio al que España la esta sometiendo, pero el canario, a parte de poder padecer las fobias anteriormente mencionadas, padece una que es la peor de todas, que no da pie al avance, esa fobia terrible a la que me refiero es la Eleuterofobia, la fobia a la libertad, la fobia a dejar atrás unos grilletes que oprimen la aorta de este pueblo, un pánico a la lucha y dejar de lado la comodidad social para alzar la bandera y, como decían los griegos: con escudo honor y alma, defender y liberar nuestra dolorida patria canaria.

Mientras sigamos sin vencer ésta ultima fobia y sin darnos cuenta de que nuestro capital problema es España, seguiremos danzando sobre una lóbrega neblina que produce oscurantismo. Pasaran los años, y todo seguirá igual, la única manera de salvarnos es levantarnos, unirnos y reclamar nuestra soberanía, si no, seguiremos vagando en la oscuridad, pues, como dijo en su día Benedetti: el enemigo seguirá siendo siempre el mismo cráter, todavía no existen volcanes apagados [...]

Termina así, mi noche de sábado.

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